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Blog, Medicina Interna
Mindfulness en Medicina
17/11/2017
Dr. Jordi Roig Cutillas

Mindfulness puede ser traducido como conciencia o atención plena. Fue desarrollado en Harvard, Universidad de Massachusetts, por Jon Kabat-Zinn, uno de los pioneros de las investigaciones médicas sobre las interacciones entre la mente y el cuerpo. Partiendo de principios del budismo, pero sin ninguna implicación religiosa, se aprende toda una forma de vivir nuestra existencia de manera más serena, sobre todo cuando nos toca enfrentarnos a las inevitables adversidades de la vida, incluida la enfermedad. “Aquí y ahora” es la base más conocida del Mindfulness. Es cierto: el ayer ya pasó y nadie sabe con seguridad qué nos deparará el futuro. Aprender a meditar es una las bases de este conocimiento, pero Mindfulness es mucho más que esto (A. Martin, “Plenamente”, Mindfulness o el arte de estar presente; Ed. Planeta, 2015).

Nuestra vivencia delante de la enfermedad, u otras adversidades a las que tengamos que hacer frente a lo largo de nuestra vida, variará en función de su magnitud, pero sobre todo de cómo somos capaces de vivirla. Una máxima del Mindfulness es que aquello que aceptas, aunque sea doloroso, se transforma en nuestro interior, mientras que lo que nos resistimos a abrazar permanece inalterable a lo largo del tiempo perpetuando el dolor. Aprender a “fluir”, filosofía básica del mindfulness, es una medida terapéutica beneficiosa. Por lo tanto, abrazar, sí, pero también saber después soltar… Aceptación no es equivalente a resignación.

Figura 1. Shamatha Project Finding. 

Mindfulness nos enseña a responder con serenidad a las situaciones difíciles: la reacción inmediata, a menudo basada en la ira, la negación y la improvisación meramente intuitiva, sin pensar bien lo qué haremos, responde a la herencia genética de épocas que ya no son las nuestras, en las cuales los peligros continuos que afrontaba el ser humano obligaban a adoptar esta actitud para sobrevivir. Este intervalo de tiempo que los humanos podemos aprender a poner entre lo qué nos sucede y nuestra respuesta meditada es una herramienta poderosa que nos permitirá responder adecuadamente y con sabiduría a los sucesivos retos de la vida.

Una de las bases del Mindfulness es la respiración controlada y pausada, técnica que en diversas disciplinas orientales se ha usado históricamente para favorecer un estado de serenidad mental, siempre beneficioso para afrontar la enfermedad con el menor sufrimiento posible. No obstante, la evidencia científica en favor de estas técnicas ha sido limitada hasta que el equipo investigador liderado por Kevin Yackle (Science, 2017) ha sido capaz de identificar, en modelo animal, una subpoblación neuronal del centro respiratorio que interacciona de forma clara con la actividad cerebral reguladora de los estados mentales de calma y alerta. Se ha demostrado, en este caso en gusanos, como el mantenimiento del estrés de forma repetitiva o continuada es capaz de inducir alteraciones genéticas que llegan a ser eventualmente transmisibles a generaciones subsiguientes en algunos seres vivos (Klosin A et al, Science 2017). No menos impresionantes son los estudios de Tonya Jacobs sobre la actividad de la telomerasa y la longitud de los telómeros, como sabemos parámetros predictores de la viabilidad celular a largo plazo (Psichoneuroendocrinology 2011).

Figura 2. Modelo teórico. 

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